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Medicina e ideología nazi: una relación para no olvidar

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Te contamos cómo influyó el nazismo en las prácticas médicas.

El trabajo de los médicos durante el régimen nazi no fue ajeno a la ideología predominante en Alemania durante aquellos años. Se estima que aproximadamente el 45 % de los médicos alemanes se afiliaron al partido nazi.

Léxico médico en el ideario nazi

La ideología se cubrió de conceptos médicos y pseudocientíficos de la época para justificar sus acciones, lo que estableció una estrecha colaboración entre política y ciencia.

La interpretación de la teoría de la evolución de Darwin como la primacía de una raza sobre las demás estableció el darwinismo social. Se hablaba mucho también del determinismo biológico, según el cual los humanos viven y actúan según su constitución biológica y sus genes.

La higiene racial fue un movimiento social que preconizó una especie de eugenesia y se aplicó como una ciencia fundamentada en la genética. Su finalidad era tomar medidas preventivas contra los defectos en el material genético humano. Los higienistas raciales simpatizaron con los nazis durante los años 20. En 1933, con la llegada al poder del partido nazi, vieron la oportunidad de aplicar su trabajo científico a la práctica y así ayudar a reconstruir la sociedad. Al mismo tiempo, las instituciones del partido y el gobierno buscaron en la medicina la legitimación de sus políticas sanitarias y raciales.

No existen pruebas de que se forzase a los científicos a actuar como lo hicieron. Por supuesto, no faltaron los detractores, pero es probable que la presión social y el miedo al régimen autoritario jugasen un papel esencial en la conformidad y la pasividad de muchos médicos.

Las convicciones sociales

Tras las sanciones impuestas a Alemania al finalizar la I Guerra mundial, la sociedad había asumido que no se podía mantener a los improductivos. Desde un punto de vista «biológico» se comparaba a los «contaminantes» de la sociedad (judíos, gitanos, enfermos) con agentes patógenos.

Esto llevó a la división de la sociedad en dos: por una parte, los individuos de raza aria como «seres superiores», y por el otro el resto de los grupos de «menor valor biológico». Estos últimos perdieron sus derechos civiles y estuvieron disponibles como «material de investigación».

Como consecuencia, se institucionalizaron conductas criminales en materia de salud pública e investigación humana. Los médicos participaban de esta ideología porque consideraban que estaban cumpliendo con la misión del Estado y beneficiando a la sociedad alemana por encima del individuo.

¿Qué hicieron estos médicos?

La urgencia por crear conocimiento superó el respeto por las personas que sufrieron los experimentos. Nombraremos solo algunas de las atrocidades que se cometieron.

Durante años se habían identificado los individuos cuyas características se deseaban eliminar. Los médicos de asilos e instituciones habían rellenado cuestionarios detallados sobre todos los ingresados. También se creó un registro con todos los niños que nacían con malformaciones.

En 1933 se promulgó la ley sobre esterilización. La decisión sobre la conveniencia de tomar esta medida la establecía un tribunal formado por dos médicos y un abogado. Se calcula que participaron el 25 % de los médicos y que se llegó a esterilizar al 0,5 % de la población.

En 1935 salieron las leyes de Núremberg, por las que se prohibió el matrimonio entre arios y no arios. Además, previo al enlace, ambos miembros de la pareja debían someterse a un examen que demostrase que no eran portadores de enfermedades transmisibles genéticamente.

Más tarde se desarrolló el programa T4 Aktion, cuya finalidad era identificar y exterminar a todos los individuos «contaminantes» de la sociedad. Las personas se sacaban de sus domicilios y se trasladaban en autobuses, acompañados por gente vestida de bata blanca. Decían a las familias que la finalidad era darles tratamientos mejores y falsificaban los certificados de defunción, en los que aludían a causas naturales. Al principio la decisión la tomaba un tribunal basándose en la información aportada por las instituciones, pero avanzada la guerra eran los propios médicos quienes decidían sin necesidad de más acciones legales. De esta forma, se asesinaron niños con enfermedades congénitas, personas con problemas físicos que les impedían trabajar y personas con algún problema social (alcohólicos, prostitutas, sifilíticos, etc.).

Además de la atroz «solución final» para los judíos de los campos de exterminio, en estos campos se llevaron a cabo diversos experimentos médicos para los que no se tenía en cuenta la voluntad de los sujetos.

Algunas de las preguntas de investigación formuladas ya eran obsoletas en su tiempo. Por ejemplo, mientras los aliados ya utilizaban sulfonamidas para las heridas infectadas, los alemanes infligieron heridas a los civiles y después los trataron con antibióticos o con placebo para comprobar la eficacia. Sin embargo, otras aportaciones se consideraron de mayor provecho. Las conclusiones sobre los efectos de las bajas presiones en el cuerpo humano fueron útiles desde el punto de vista estrictamente científico, hasta el punto de que las fuerzas aéreas estadounidenses continuaron esta línea de investigación y publicaron los resultados en cooperación con algunos médicos alemanes implicados. De todas formas, se asume que la mayoría de las aportaciones de estas investigaciones fueron prácticamente nulas.

Lecciones: el Código de Núremberg y las leyes de la bioética

Tras el fin de la guerra se juzgó a 20 médicos y 3 oficiales en los Juicios de Núremberg.

En 1947 se elaboró el Código de Núremberg, el primer código internacional de ética para la investigación con seres humanos. Su principal aportación es la obligatoriedad del consentimiento informado para participar en una investigación.

Como conclusión, conocer la relación entre la medicina y el nazismo puede evitar que se repitan los hechos, y transmite valores como la tolerancia y la lucha contra la discriminación y la xenofobia.

Referencias